El arbitraje, hoy

 

Javier Lorenzo ha sido tirador internacional, además de periodista  y escritor. Es uno de los árbitros españoles más destacados, como lo demuestra el hecho de tener la máxima categoría en el arbitraje internacional, y estar designado para arbitrar en los próximos Juegos Olímpicos de Río.  Forma parte del comité de arbitraje de la Confederación Europea de Esgrima y del Comité Nacional de Jueces y Árbtros de la Federación Española de Esgrima.

Váese también la Entrevista Espress a Javier Lorenzo.

 

Hace algunos años escribí en la revista de la RFEE un artículo sobre el arbitraje. El título no sé si era “¡Ay, esos árbitros!” o algo similar. Y recuerdo que reproduje una frase –obsequio de un joven maestro- que decía: “¡Qué poco profesionales sois”. A lo que yo respondía: “No es que seamos poco profesionales; es que no lo somos en absoluto”.

Quince años después (o los que sean), el profesionalismo sigue estando lejos en el horizonte arbitral. Las reducidas dimensiones de nuestro deporte, las difíciles circunstancias económicas y la escasa presencia de la esgrima en la sociedad a través de los medios de comunicación, en cualquiera de sus formatos, impiden bien a nuestro pesar que esto pueda convertirse en realidad a corto plazo.

Esta es una constante que todo árbitro que se precie debe tener muy en cuenta… Para a continuación olvidarse de ella por completo. Así es, porque… ¿Por qué se convierte alguien en árbitro? ¿Por qué sufre, sin ningún remedio que le valga, madrugones, jornadas de muchas horas, dolores articulares y, por decirlo eufemísticamente, situaciones incómodas? ¿Por qué, sabiendo todo esto, uno responde que sí cuando le llaman? ¿Sólo porque de vez en cuando se viaja?

No. Se hace porque gusta. Porque, aunque no se sea consciente, un árbitro es un intérprete, un traductor de sueños y de intrigas, el nervio que sujeta los mástiles de los asaltos. Sí, me pongo poético, pero no por ello soy menos realista. Incluso el árbitro de club más explotado –lamentablemente, creo que son varios los que optan a este señalado puesto-, cuando termina la competición aún se acuerda de esa acción en la que tal vez cometió un error. Todos, hasta el último de ellos, tienen el prurito, el pudor y la decencia de hacer autocrítica sobre su actuación. Y si acertaron en un tocado especialmente difícil o sujetaron los caballos en una situación delicada, también sentirán que aflora en ellos cierta clase de legítimo orgullo.

Yo, al menos, soy árbitro por todo eso. Porque me importa. Me importan la justicia y la ecuanimidad como me importan el tanteo de mis límites, las descargas de adrenalina, y ese rol de “medium” que nadie te puede arrebatar. Y si escribo esto es porque me importan la esgrima y su pureza. Y ese tirador –siempre el máximo protagonista- al que se le desata una zapatilla, o aquél al que no le pasa el peso y eres tú el que le das vueltas a la punta por tercera vez porque lo último que deseas es sacarle la amarilla, o el que no se sabe el reglamento, o el que protesta, o el que…

Y como todo eso me importa, doy por supuesto que a los demás árbitros, también. Y eso les exijo.

Como diría un colega, vamos a ser “compañeros”.

Hecho pues el preámbulo, compañeros, pasó a describir la situación actual del arbitraje en nuestro país, que podríamos calificar de positiva, aunque, como veremos, tiene en mi opinión muchos aspectos que mejorar.

 

Situación actual del arbitraje español

Hay dos grandes bloques en función de las competiciones. En los Campeonatos de España, así como en las pruebas internacionales, el nivel del arbitraje español está en cotas muy altas y salvo algunas excepciones (entre las que me encuentro) tiene una media de edad bastante baja. En comparación con los países de nuestro entorno, y más allá, se puede afirmar con objetividad que España es una potencia en arbitraje. Así lo reconocen en el exterior y con naturalidad deberíamos asumirlo. Tal vez falten más especialistas puros a la espada, pero las armas de convención están muy bien cubiertas.

En cuanto al segundo bloque, las pruebas de ranking y similares, se mezclan toda clase de árbitros. El nivel sigue siendo aceptable (tendríais que ver un Campeonato Nacional británico o de muchos otros países para daros cuenta de lo privilegiados que son nuestros tiradores), pero siempre hay eslabones débiles. Además, parece que en estas pruebas hay mucha más permisividad que en las de la RFEE.

En cualquier caso, en lo que respecta a las pruebas organizadas por la RFEE, parece que hoy hay consenso sobre su imparcialidad y “profesionalidad”. Durante las últimas ediciones apenas ha habido actos reseñables de protesta o escándalo, cuando no hace mucho eran moneda común. Además, los árbitros parece que se han ganado un respeto.

Lamentablemente, no puede decirse lo mismo de muchas pruebas de ranking y similares.

Por otra parte, se está promocionando el arbitraje femenino. Una buena iniciativa que está abriendo puertas a nuestras jóvenes árbitras y da más seguridad y apoyo a las veteranas. Confío en que en un futuro no muy lejano podremos ver a una española dirigiendo la semifinal o la final de un mundial o unos Juegos.

En el ámbito de las instituciones internacionales, España ocupa también una posición envidiable con un representante en la Comisión de Arbitraje de la FIE y con otro en la de la Confederación Europea.  Es una garantía de que los intereses de los árbitros españoles en el circuito internacional serán debidamente defendidos.  

 

Problemas del arbitraje

Intentaré ser esquemático:

  • Falta de formación. Sobre todo teórica.
  • Escasez de cursos y seminarios.
  • Duplicidad de funciones –maestro/árbitro, etc-.
  • Escasez de pruebas internacionales en España.
  • Reducción de pruebas internacionales, en general.
  • Falta de empatía. U objetividad. En unos maestros más que en otros.
  • Débil compromiso de algunas Federaciones Territoriales.
  • Incompatibilidades personales.
  • No existen categorías. Ni, por tanto, estímulo.
  • Mercadeo persa.

 

Propuestas para mejorar el arbitraje

  • Reforzar con cursos y seminarios la formación práctica y sobre todo teórica de los árbitros.
  • Insistir siempre en la imparcialidad que debe mostrar un árbitro mientras cumple su función.
  • Estimular el desarrollo de árbitros en las Territoriales que no dispongan de ellos.
  • Los árbitros de todas las competiciones oficiales –incluye los ranking- serían finalmente asignados por la RFEE, tras estudiar la propuesta arbitral de los organizadores.
  • Los árbitros percibirían siempre un salario uniforme, sujeto a unos claros baremos.
  • Se establecería la jornada máxima de 8 horas. Implantación de las horas extra.
  • Recuperar la diferencia salarial entre aquellos árbitros que por su calidad pueden acceder a los encuentros finales y aquellos que han sido descartados en las rondas previas (aprobado por la Comisión).
  • Mantener una contabilidad exacta sobre cuánto percibe la RFEE por derecho de arbitraje, así como sobre su uso posterior. Las cuentas, claras. Por otro lado, tengo la impresión de que los clubes han encontrado en esta cuota otro modo de aumentar sus ingresos. No me parece correcto. Hacia los árbitros y tampoco hacia los esgrimistas.
  • Establecer dos categorías de ámbito nacional: A y B ( aprobado por la Comisión). Ambas serían permeables y estarían sujetas al régimen salarial previamente establecido.
  • Se impedirían y sancionarían todo tipo de acciones que menoscabaran la integridad y el respeto hacia los árbitros.
  • Presentar ante los organismos internacionales un número suficiente de sólidas propuestas para competiciones internacionales, de modo que todas las categorías queden cubiertas. Cualquier competición internacional que se celebre en España supone más árbitros españoles.
  • Plantear a la FIE dos cambios. Uno, sobre la posibilidad de mantener la licencia internacional si se está en activo frecuentemente en competiciones oficiales nacionales (Campeonatos de España). Otra, ampliar el cupo de árbitro por arma y año que han implantado para las próximas convocatorias de exámenes internacionales. Un límite que a nosotros no nos conviene.
  • Promocionar internacionalmente, además del arbitraje femenino, a aquellos árbitros que demuestren un alto nivel de compromiso y calidad.

Esta, insisto, es sólo mi opinión, aunque sé que muchos la comparten. No obstante, soy consciente de que algunas de estas propuestas son irrealizables o difícilmente aplicables a día de de hoy y de que los intereses arbitrales siempre van detrás de los de los deportistas y los clubes, que son la base de nuestro deporte.

En todo caso, creo firmemente que con estas medidas –muchas de las cuales llevo años luchando para que se implanten-, tal vez no consigamos ese sueño de la profesionalización, pero al menos sí aseguraremos un espacio de estabilidad, imparcialidad, transparencia, progreso y respeto mutuo que puede resultar muy positivo para todos.